¿Desde cuándo se comen palomitas en el cine?

Escrito por Jesús Dugarte en

Acudir a una sala de cine sin escuchar el crujido de las palomitas es, hoy en día, una sensación extraña de vivir. Y es que resulta muy difícil resistirse a una costumbre impuesta como una norma no escrita en la que el cine sin palomitas no es lo mismo. Pero como todo tiene un comienzo, el de comer palomitas en el cine tuvo lugar a partir de 1913 en Estados Unidos. El estadounidense Charles Cretors ya se había encargado años antes, en 1885, de inventar la máquina de hacer palomitas. Lo que no sabía, tal vez, es que ese invento iba a suponer una revolución para las salas de cine.

Los años de mayor popularidad llegaron después, coincidiendo con la Gran Depresión norteamericana. ¿Y por qué tiene relación con esto? Pues sencillamente porque los más de trece millones de estadounidenses que estaban en el paro, debido a la gran crisis económica que azotaba el país, encontraron en el cine un vehículo de liberación de los problemas. Era una época, también, en la que una entrada de cine no suponía un lujo y, por supuesto, tampoco lo suponían las palomitas, elaboradas con granos de maíz, una materia prima muy abundante en EE.UU.

Pero quién de verdad se aprovechó del tirón que estaba provocando esta nueva costumbre fue el empresario Jim Vicary. Este famoso publicista encontró una idea de negocio que era imposible no explotar. La sal de las palomitas provocaba sed y que mejor que echar mano de un refresco muy conocido en la época para rebajar esa sequedad en la boca. Lanzó en ese momento una campaña publicitaria que incitaba a consumir Coca-cola y palomitas en el cine, a través de mensajes subliminales que colocaba en mitad de las películas. Las ventas de Coca-cola aumentaron un 18% y las de palomitas un 57%. Desde entonces, es difícil acudir a un cine sin un paquete de palomitas encima, aunque los precios actuales de las entradas no animan a consumir mucho.

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